LA PLEGARIA DE LA SERENIDAD

La plegaria de la Serenidad, también conocida como oración de la Serenidad, es el conocido comienzo de una oración atribuida al teólogo, filósofo y escritor estadounidense de origen alemán Reinhold Niebuhr y cuya versión más conocida dice así:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que si puedo

y sabiduría para entender la diferencia.

Después la oración continuaba así, que es la parte menos conocida, ya que lo que se ha difundido es el comienzo. La versión en español era así:

Viviendo día a día;
disfrutando de cada momento;
sobrellevando las privaciones como un camino hacia la paz;
aceptando este mundo impuro tal cual es
y no como yo creo que debería ser,
tal y como hizo Jesús en la tierra:
así, confiando en que obrarás siempre el bien;
así, entregándome a Tu voluntad,
podré ser razonablemente feliz en esta vida
y alcanzar la felicidad suprema a Tu lado en la próxima.
Amén.



Si se me permite, me gustaría hacer una adaptación y convertirla en la siguiente oración:

Señor, en el difícil camino de la vida te pido tres cosas:
Que me des  la fuerza para actuar en las cosas que yo puedo cambiar.
Que me des en aquello que no puedo cambiar  la serenidad de aceptarlo
y que me des la sabiduría suficiente para poder diferenciar entre ambas,
Disfrutando del día a día, incluyendo sus noches.
Llevando las dificultades en medio de tu Paz.
Aceptando este mundo imperfecto tal como es,
y no sufriendo por un mundo que no puede existir.
Y tal como hizo Jesús en la Tierra, estando al lado
del pobre, del enfermo, del desheredado, del extraviado,
con amor y sin jugar, sabiendo que la verdadera Felicidad
solo esta en Tí, en tu Luz y en tu Amor en tu Casa.

REFLEXIÓN:

Esta pequeña variación que he querido hacer de la Plegaria de la Serenidad es para aquellos momentos en que el dolor y la tristeza nos sacude en algo que no podemos cambiar. ¿Y qué podemos hacer? ¿cómo podemos actuar? En primer lugar aceptado que no podemos cambiar esa situación ni tampoco este mundo imperfecto. En segundo lugar difrutando de los días y las noches que Dios nos da para que actuemos para ayudar en ese momento crítico. En tercer lugar encontrando incluso en la desgracia paz, una paz que vendrá si hacemos solo un pequeño esfuerzo. En cuarto lugar aceptado este mundo, en que hay días luminosos y cálidos pero también noches oscuras y frías. En quinto lugar hacer como Jesús, que estuvo en la Tierra cumpliendo la voluntad del Padre, en la que encontraremos la felicidad siendo generosos, bondadosos, amantes de la paz y la justicia, clamando contra el mal y viviendo con la esperanza de Dios, Y en sexto lugar, sabiendo que la verdadera plenitud no la vamos a encontrar en el Tierra, sino con Dios y en Dios, allí donde no habrá más muerte ni más llanto, ni más gritos ni mas fatigas.






















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