Poder,Dios,el yo sentirte,                                                   
después del frío invierno,                                       
fue como volver de la muerte 
tras mil años en el infierno.                                                                 

Y fue  tu fuego tan y  tan exceso
que tanto gozo y tan profundo
en mi año dieciocho de preso  
que un siglo fue un segundo                                      
                 
Y vas entrando y entrando en el alma,                                                               
como después de la tempestad la calma.  
Y en tí me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba.                                     

En gran y sonoro estallido,
tu Gloria en mi penetró,
se hospedó como alarido
y en tan gran fuerza entró
que nubló todo mi sentido
y en Ti mi alma se infiltró.

Y vas entrando y entrando en el alma
como después de la tempestad la calma.
Y en tí me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba.

Pensando en ti yo volaba
saliendo de abierta ventana,
y nada más me importaba
y como rayos de la mañana,
en tu regazo  me apoyaba
y sostenías mi alma profana.

Y vas entrando y entrando en el alma,
como después de la tempestad la calma.
Y en ti me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba

Como la aurora en amanecer
es tu luminoso Amor celestial,
siendo tu Amor mi único haber,
porque como en noche nupcial
yo me sentía en tu gozo arder
en mi alma pura como el cristal.

Y vas entrando y entrando en el alma,
como después de la tempestad la calma.
Y en tí me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba.

Y abriendo el alma como jazmín
como si fuese tu amada esposa
regresé a tu paradisíaco jardín,
sintiéndome yo la más hermosa 
en amorosa unión divina sin fin
y era yo en Ti la más bella rosa.

Y vas entrando y entrando en el alma
como después de la tempestad la calma.
Y en tí me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba.

Y como  marchita amapola
así sentía cuando Tú te ibas
y quedaba como esposa sola,
desdichada porque Tú huías  
tras sentir como océano tu ola
llenándome de frescas aguas.

Y vas entrando y entrando en el alma
como después de la tempestad la calma.
Y en tí me abrazaba y abrasaba
en tu fuego que no quemaba.

Y en el año que ya fui hombre,
en ese mayo a toda mi alma,
la fundiste toda como el cobre,
incendiándome tú en tu llama
ardiendo en tu hermosa lumbre
en la celestial y eterna loma.

Y sentí tu Amor en el alma
en es fuego que no quemaba
en forma de eterna llama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario